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Internet para ricos

Internet para ricos

Según los análisis de la UIT, el número de usuarios de teléfonos móviles e Internet crece a escala mundial a pesar de la crisis financiera. La brecha entre ricos y pobres con acceso a estos medios también va en aumento.

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Dos de cada tres personas en el mundo tienen acceso a la telefonía móvil… al menos en promedio. Y es que los países ricos tienen un exceso de oferta; en éstos hay más conexiones para teléfonos celulares que pobladores. Mientras tanto, en los países en desarrollo, poco más de la mitad de sus habitantes puede hacer llamadas desde un teléfono portátil; 57 por ciento de su población, según estadísticas correspondientes al año 2009.

Desde esta perspectiva, la brecha entre unos países y otros es grande, pero la disponibilidad de Internet y telefonía móvil en las regiones no industrializadas está creciendo de manera vertiginosa: en los últimos cinco años, la cantidad de conexiones para teléfonos celulares se ha duplicado.
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Brechas digitales

El abismo entre los países ricos y los pobres es aún más grande cuando se analiza el acceso de sus respectivos habitantes al servicio de Internet. Los expertos en la materia sostienen que una de cada cuatro personas en el mundo navega en el ciberespacio, pero un examen más detallado de este dato estadístico revela que el 64 por ciento de la población de los países industrializados tiene acceso a Internet mientras que sólo el 18 por ciento disfruta de este privilegio en los países en vías de desarrollo.

Ni qué hablar de las conexiones de Internet rápidas. En los países industrializados, por cada cien habitantes hay 23 conexiones de banda ancha; en los países en desarrollo –sin incluir a China–, sólo hay dos conexiones de este tipo por cada cien personas. En números absolutos, la República Popular China tiene más conexiones de banda ancha que Estados Unidos.

Nuevos índices de desarrollo

Para estimar con mayor precisión la importancia de las tecnologías de información y comunicación modernas en el mundo, los especialistas en estadísticas de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), un organismo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), han establecido unos criterios para medir el índice de desarrollo de los países. Entre esos criterios figura no solamente el acceso de los pueblos a estas tecnologías, sino también la intensidad y calidad del uso que se hace de ellos, así como la capacidad de los usuarios para servirse efectivamente de estas herramientas de comunicación.

De este índice de desarrollo se ha derivado un ranking con 159 países. Suecia lidera la lista, seguida por Luxemburgo, Corea del Sur, Dinamarca, los Países Bajos, Islandia, Suiza, Japón, Noruega y Gran Bretaña. Estados Unidos ocupa el puesto 19; España, el 25 y Portugal, el peldaño 32. Los países latinoamericanos y caribeños con los índices de desarrollo más altos, según el ranking de UIT son: San Vicente y las Granadinas (puesto 46), Argentina (49), Uruguay (50), Chile (54), Trinidad y Tobago (59), Brasil (60), Venezuela (61), Panamá (62), Colombia (63), Jamaica (67), Costa Rica (70), Perú (75) y México (77).

Alemania no está en el “Top 10”

Aquellos países ubicados en la segunda mitad del ranking son: Ecuador (puesto 87), República Dominicana (89), Paraguay (94), Cuba (98), Bolivia (101), El Salvador (103), Guatemala (104), Honduras (106) y Nicaragua (112). Alemania, por su parte, ocupa el puesto 13. “Sin embargo, para ser justos, hay que decir que los índices de los primeros quince países de la lista son muy similares”, explica Susan Telscher, directora del departamento de Estadísticas de la UIT. 75 por ciento de los hogares alemanes tienen acceso a Internet, dice Telscher, pero en Suecia la cifra asciende al 80 por ciento.

El hecho de que los últimos veinte peldaños de la lista de UIT estén ocupados por países del continente africano –exceptuando a Haití y a Nepal– se debe al alto costo de las tecnologías para la comunicación en esa región. Mientras la mayoría de los europeos invierte poco más del 1 por ciento de un sueldo promedio para pagar por una conexión de banda ancha, en muchos países de África los usuarios deben ahorrar cinco salarios mensuales para poder disfrutar de una conexión de Internet rápida por un mes.

El caso africano

Lo cual no significa que no tengan lugar cambios rápidos o contrastes entre la situación de un país africano y la de sus vecinos: en 2008, una conexión de Internet rápida en Burkina Faso costaba mensualmente el equivalente a cuatro sueldos anuales promedio. Un año después, los pecios bajaron notablemente: un mes de conexión rápida a Internet cuesta solamente el equivalente a dos sueldos mensuales promedio.

Autor: Andreas Becker , Evan Romero-Castillo

Editor,Pablo Kummetz

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Se agrandó más la brecha entre ricos y pobres


Se agrandó más la brecha entre ricos y pobres


Según datos del segundo trimestre del año, el ingreso de los argentinos que más tienen es 26,2 veces superior al de los que menos ganan. Un año atrás, esa diferencia era de 23,4 veces. Esto indica que hay una mayor concentración de la riqueza.

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Por: Alejandra Gallo

En el último año, se agrandó la porción de la riqueza con la que se queda el 10% más rico de la población y se achicó la que pudieron capturar los más pobres. Pero además, entre el segundo trimestre del año pasado y del mismo período de 2009, la brecha en los ingresos de unos y otros se agrandó. Es, claramente, una regresión en las políticas de redistribución del ingreso, uno de los ejes discursivos del gobierno kirchnerista, el actual y el anterior.

Los datos son oficiales y surgen de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, recientemente publicada. De allí surge que los argentinos que están en el pico de la pirámide social tienen sus bolsillos 26,2 veces más gordos que los bolsillos de los argentinos más pobres. El año pasado, esa diferencia era de 23,4 veces.

Según el INDEC, en el segundo trimestre de este año el 10% más rico de la población se quedó con el 32,9% de los ingresos mientras que el 10% más pobre sólo se adueñó del 1,3% de los ingresos. Un año atrás, los porcentajes eran 31,9% y 1,4%.

Ayer, el INDEC difundió la base de datos con la que realiza la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) porque había modificado la metodología para calcular ese indicador. Era una dato que no se publicaba desde 2006.

Al volver a dar es dato, el INDEC tuvo que detallar las mediciones que hace sobre los ingresos de los argentinos. Y el resultado fue que si se compara el segundo trimestre de este año con el mismo período de 2008, el 10% más rico se reparte entre sí cerca de 7.783 millones de pesos al mes. Y, quienes están dentro de ese grupo, en promedio, tienen ingresos mensuales por 5.669 pesos por mes. En cambio, quienes están exactamente en la otra punta de la pirámide, se reparten entre sí casi 298 millones de pesos al mes y, en sus bolsillos, entra una media de 216 pesos.

El INDEC había interrumpido la publicación de esta base de datos porque cambió la metodología de cálculo para medir los ingresos de los argentinos. La última vez que había publicado este indicador, la brecha entre los que más ganan y los que menos ingresos reciben era del 25% (casi como ahora que es de 26%) pero los ricos se quedaban con el 35% de la torta y los más pobres veían en sus bolsillos sólo el uno por ciento.

Ahora, el INDEC se ampara en la necesidad de aggiornar las estadísticas con el resto del mundo para defender el cambio de cálculo en la distribución del ingreso, uno de las proclamas políticas de la presidenta Cristina Kirchner. El INDEC está cuestionado por sus mediciones desde que paso a depender del secretario de comercio interior, Guillermo Moreno, en febrero de 2007. El ministro de Economía, Amado Boudou, sostiene que ahora el INDEC está en proceso de normalización, aunque los cuestionamientos continúan.

El titular del INDEC, Norberto Itzcovich, y el director de EPH, Claudio Comari, defienden una medición de distribución de la riqueza que no mire sólo los ingresos individuales sino que contemple el alivio que representa en los bolsillos más pobres la asistencia estatal. Las series de ingresos ahora comparan con el 2003.

Y, mirado con ese cristal, el 10% más pobre mejoró 7,5 veces sus ingresos en los últimos seis años (los de las gestiones K), mientras que el 10% más rico vio crecer sus ingresos sólo 2,6 veces.

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¿Donde está la ayuda de los países ricos?

¿Donde está la ayuda de los países ricos?

Niños en Perú

Rob Young

BBC

Los países pobres deben lidiar con las consecuencias del cambio climático.

Ocho años después de que las naciones industrializadas se comprometieran a transferir cientos de millones de dólares a los países pobres para que estos pudieran adaptarse a las consecuencias del cambio climático, resulta imposible saber qué parte del dinero ha sido realmente entregada, según una investigación llevada a cabo por la BBC.

En la Declaración de Bonn de 2001 los países ricos acordaron dar US$410 millones al año a las naciones en vías de desarrollo, para lo que se crearon dos fondos especiales de Naciones Unidas (ONU).

Los países pobres aseguran que hasta 2008 deberían haber ingresado al menos US$1.600 millones a ese fondo.

clic Claves de la Declaración de Bonn

Pero ocho años después, tan sólo se han pagado US$260 millones.

“Nos sentimos frustrados y traicionados”, le dijo a la BBC Richard Myungi, representante de los países en vías de desarrollo en las negociaciones sobre el cambio climático.

Boni Biagini, responsable de los fondos de la ONU creados con la Declaración de Bonn también cree que los países ricos deberían haber aportado mucho más dinero.

“Las cifras no concuerdan con los US$410 millones anuales prometidos. Si fuera así, a estas alturas estarían entregando miles de millones de dólares”, aseguró Biagini.

“Hemos cumplido”

dinero ingresado en fondos de la onu

  • Fondo para los Países Menos Desarrollados: US$155,4 millones. El principal deonante es Alemania con US$34,6 millones.
  • Fondo Especial del Cambio Climático: US$104,5 millones. El principal donante es el Reino Unido con US$18,6 millones.

Cifras a 30 de septiembre de 2009. Fuente: Global Environment Facility

Pero los países ricos que suscribieron la Declaración de Bonn aseguran que su intención nunca fue transferir esos US$410 millones anuales a los dos fondos de Naciones Unidas.

Afirman que la declaración les permitía gastar el dinero en formas “bilaterales y multilaterales”.

Artur Runge-Metzger, el principal negociador de la Unión Europea sobre el cambio climático, defiende que el bloque ha cumplido con el compromiso de la Declaración de Bonn.

“Podemos decir que hemos cumplido la promesa. La financiación del cambio climático ha aumentado considerablemente”, afirma.

En cualquier caso, admite que la UE no puede proporcionar datos que demuestren que pagaron el dinero a través de esos medios bilaterales y multilaterales que contempla la Declaración de Bonn.

“A veces es difícil establecer qué parte sirvió para financiar la lucha contra el cambio climático”, asegura el funcionario de la UE.

El doctor Marc Pallemaerts, responsable de redactar la Declaración de Bonn en 2001 cuando era el jefe de gabinete de presidencia belga de la UE, reconoce que a algunos países se les hizo creer que el dinero prometido iría destinado a los fondos de Naciones Unidas.

“Algunos pudieron haber sido engañados de verdad, aunque otros sabían que la ambigüedad (de la declaración) era deliberada”, explica Pallemaerts.

Desconfianza

La confusión que rodea a la Declaración de Bonn ha creado desconfianza entre los países ricos y pobres en la cuestión de la financiación del cambio climático.

El secretario general de Naciones Unidas, Ban ki-Moon, ha acusado a las naciones desarrolladas de no cumplir sus promesas de pagar a los países pobres para que estos luchen contra los efectos del cambio climático.

Bandera de la UE

La UE asegura que ha cumplido con sus compromisos.

“Ha habido promesas que no se han materializado del todo. Hay un problema de confianza”, aseguró Ban en una entrevista con la BBC.

Todavía no está claro que se vaya a alcanzar un nuevo acuerdo global de lucha contra el cambio climático antes de finales de año porque los países industrializados y las naciones en desarrollo no se ponen de acuerdo en las cuestiones de financiación o sobre los recortes en las emisiones de gases que generan el efecto invernadero.

Se estima que los países vulnerables necesitan entre US$40.000 y US$100.000 al año para adaptarse a los cambios del clima.

Según el secretario general de la ONU cualquier nuevo acuerdo sobre financiación debe ser claro.

“Las negociaciones deben de estar basadas en la confianza”, aseguró Ban.

También dijo que cualquier acuerdo financiero debe ser “medible, notificable y verificable”.


¿Cuáles son los antecedentes de esta historia?

La financiación es clave para que se alcance un nuevo acuerdo sobre el cambio climático que sustituya al Protocolo de Kioto. Se necesitan miles de millones de dólares para ayudar a los países a que se adapten a las consecuencias de los cambios en el clima. Pero en los últimos años ha aumentado la desconfianza de las naciones pobres hacia los países ricos sobre los compromisos financieros que estos últimos deben adoptar.

Después de que Naciones Unidas consiguiera que el Protocolo de Kioto viera la luz con el acuerdo de la mayoría de naciones del mundo, EE.UU. dijo que no iba a ratificarlo, por lo que estuvo a punto de fracasar. Así que los países ricos que todavía confiaban en el acuerdo decidieron que era necesario un compromiso financiero por su parte para mantener vivo el protocolo.

¿Qué es la declaración de Bonn?

En 2001 en la ciudad alemana de Bonn los países de la Unión Europea (UE), Canadá, Islandia, Nueva Zelanda, Noruega y Suiza suscribieron una declaración política en la que se comprometieron a contribuir con US$410 millones anuales hasta 2008 para que los países pobres pudieran adaptarse a las consecuencias del cambio climático.

Ban ki-Moon

Ban ki-Moon ha acusado a las naciones desarrolladas de no cumplir sus promesas.

El dinero debía estar disponible de diversas maneras, incluyendo dos fondos especiales de Naciones Unidas.

¿Cuáles son esos fondos especiales?

En Bonn se decidió habilitar dos cuentas bancarias especiales que debían ser utilizadas para que los países ricos transfirieran el dinero a las naciones pobres. El Fondo para los Países Menos Desarrollados y el Fondo Especial del Cambio Climático debían ser administrados por Naciones Unidas. La idea era que los países que producen más emisiones contaminantes pagaran a los países que históricamente han contaminado menos, pero que son vulnerables a las consecuencias del cambio climático.

¿Cuánto se ha pagado a los fondos de Naciones Unidas?

Cifras de la ONU muestran que a fecha de 30 de septiembre de 2009, se han pagado US$260 millones a los dos fondos. Los países en desarrollo afirman que la cantidad debería ser muy superior. Según cálculos de la BBC, si se hubieran pagado US$410 millones anuales entre 2001 y 2008, debería haber pasado por los fondos US$2.870 millones.

Existen discrepancias sobre las fechas de inicio y fin de los pagos. En cualquier caso, como mínimo se deberían haber ingresado en los fondos US$1,600 millones, según algunos cálculos.

¿Significa eso que los países ricos no han cumplido sus promesas?

Depende de que lado se esté. Los países pobres dicen que las naciones industrializadas no han mantenido sus promesas, ya que deberían haber recibido de ellos US$410 millones anuales.

Pero los países ricos dicen que esa nunca fue su intención, ya que planearon gastar buena parte del dinero de manera independiente a esos fondos. La letra pequeña de la Declaración de Bonn les permitía gastar el dinero comprometido en inversiones bilaterales y multilaterales.

La UE asegura que ha cumplido con sus compromisos, aunque admite que no puede proporcionar datos que muestren que pagaron el dinero a través de esas inversiones bilaterales y multilaterales.

Un reciente estudio elaborado por el Instituto para las Políticas Medioambientales Europeas (IEEP, por sus siglas en inglés) ha intentado trazar el dinero que la UE ha entregado a los países pobres para su adaptación al cambio climático y concluye que “es muy sorprendente que no haya un solo documento oficial hecho publico por la UE con información verificable sobre el nivel de ayuda financiera entregada por el bloque a los países en desarrollo para la adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático”.

“Esa falta de transparencia es inconsistente con las reivindicaciones de la UE de que lleva el liderazgo en el proceso del cambio climático”, aseguran desde el IEEP.

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